
His prosthetic arm didn't just move faster — it knew what his opponent would do before his opponent did. The Paralympic committee called it cheating. Iker Salazar called it intuition.
El Tribunal de Ética Deportiva del Comité Paralímpico Internacional ocupaba una sala sin ventanas en el tercer piso del Palacio de Congresos de Madrid. Iker Salazar había imaginado que, de llegar este momento, sentiría rabia. En cambio, lo que ocupaba su pecho era una curiosidad fría, casi clínica, como si él mismo fuera el objeto de un experimento cuyo resultado aún no podía predecir.
Opening lines