
Simón Arrieta writes obituaries for a living, polishing the dead into saints. When he discovers that his embellishments don't just comfort the grieving—they literally rewrite history—he faces a terrifying question: what happens when you can no longer tell which past is real?
Simón Arrieta llevaba cuatro años mintiendo sobre los muertos y cobrando por palabra. No era un mal trabajo. Pagaba el alquiler de su estudio en Lavapiés, le dejaba las mañanas libres y le proporcionaba una satisfacción perversa que jamás habría confesado en voz alta: la de saber que cada difunto, por miserable que hubiera sido en vida, terminaba convertido en un prócer de barrio gracias a su pluma.
Opening lines