
A stolen Stradivarius, a frozen horse carcass, and five French soldiers dying on the Russian steppe — only one of these things can make a sound worth surviving for.
Noviembre de 1812. La nieve lo cubría todo con una indiferencia que Étienne Morel había aprendido a respetar más que a cualquier general. Llevaban tres semanas arrastrándose por la estepa rusa, y lo que un día fue la Grande Armée —seiscientos mil hombres al cruzar el Niemen en junio— no era más que una procesión de espectros hambrientos.
Opening lines