
A five-year-old describes, in perfect detail, the contents of a dead man's hidden box — a box no living person knew existed.
Santiago tenía cinco años cuando empezó a hablar de Don Óscar. Don Óscar había sido el vecino de enfrente, un hombre delgado con pelo blanco que pasaba las tardes en su silla de madera. Había muerto tres meses antes, solo, sin familia conocida en el pueblo.
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