
Thirteen subway lines. One ancient sigil. A train operator in Tokyo realizes the city's entire rail network was designed as a cage—and something just cracked open.
Kenji Morimoto llevaba diecisiete años conduciendo trenes por las entrañas de Tokio, y en todo ese tiempo jamás había sentido que la ciudad le devolviera la mirada. Hasta la noche del descarrilamiento. Fue en el tramo entre Kasumigaseki y Kokkai-gijidomae, a las 23:47, cuando el convoy de la línea Marunouchi pegó un tirón seco hacia la izquierda y arrastró tres vagones fuera de las vías.
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