
Beneath a crumbling Venetian palazzo, an instrument made of Murano glass has been breathing with the tides for centuries. Now it's cracking.
Paloma llevaba tres semanas en Venecia y todavía no había aprendido a caminar sin mirar al agua. Los canales la hipnotizaban, pero no de la forma romántica que todo el mundo esperaba. Lo que la fascinaba era el daño: cómo el agua había devorado siglos de arte, piedra y color.
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