
Felipe Montero has a crucial business presentation in two hours. But when he opens his suitcase at the airport, instead of contracts and a pressed suit, he finds silk scarves, a top hat, and a very alive rabbit staring back at him.
Felipe Montero no era un hombre que perdiera el control. En veinte años de trabajo, nunca había llegado tarde a una reunión, nunca había olvidado un documento y nunca había levantado la voz en una oficina. Su vida funcionaba con la precisión de un reloj suizo.
Opening lines