
The villagers call it the column—a silver-green stalk with no roots, no leaves, and a pulse. Josué climbs it. What he finds above the clouds isn't gold or giants. It's a quarantine.
En los tiempos en que la tierra todavía recordaba ciertas verdades que los hombres preferían olvidar, existía una aldea enclavada entre cerros verdes, cerca de un lago tan quieto que parecía un espejo abandonado por algún dios distraído. La aldea no tenía nombre propio —o tenía tantos que ninguno prevalecía— y sus habitantes vivían del maíz, del frijol y de una superstición compartida: no tocar jamás la columna. La columna era un tallo descomunal, más grueso que el tronco de cualquier ceiba, de un color entre plateado y verde que no correspondía a ninguna planta conocida.
Opening lines