
A crumpled business card in a shaman's hand — the logo of a European pharmaceutical giant, found in a village with no roads. A young medical student cataloguing jungle remedies must now reckon with who else is reading her notebooks.
Trinidad llevaba tres días viajando. El último tramo —una canoa con motor subiendo por un afluente tan estrecho que las ramas le arañaban los brazos— fue como cruzar a otro siglo. Tenía veintitrés años, cursaba el quinto año de medicina en Lima, y su asesora de tesis la había advertido: «La selva no es romántica.
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