
Regina Montiel has never lost a case. The manila envelope on her desk is about to make her wish she'd never won one.
Regina Montiel llevaba quince años como abogada penalista en la Ciudad de México. Había defendido a narcotraficantes, a empresarios acusados de fraude, a políticos con las manos sucias. Su reputación era impecable: nunca había perdido un caso importante.
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