
A smartwatch for 200 pesos. No menu, no settings — just a countdown from sixty minutes and a strap that won't open.
Sebastián encontró el reloj en una pequeña tienda de electrónica cerca del Metro Chabacano. El precio era demasiado bueno: doscientos pesos por un reloj inteligente con correa metálica. El vendedor, un hombre delgado con pelo gris, sonrió cuando Sebastián lo tomó del mostrador.
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