
A king whose touch pours raw genius into any mind. His servants go mad, imprisoned by masterpieces they'll never have the skill to create. Below his tower, his stubbornly mediocre daughter picks up a brush.
Hubo un rey que no codiciaba el oro. El rey Elías gobernaba desde un palacio cuyas paredes estaban desnudas —no por austeridad, sino por hambre—. Donde otros monarcas colgaban tapices y escudos de armas, él dejaba espacios blancos, esperando la obra que mereciera habitarlos.
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