
A struggling Asturian dairy farmer lets his nephew install a cryptocurrency mining rig in his cheese-aging barn. When the machines' heat melts 300 wheels of artisan cheese into one massive golden lake, disaster takes an unexpectedly delicious turn.
Patricio Arnaiz llevaba treinta y dos años ordeñando vacas en su finca de Cabrales, Asturias, y en todo ese tiempo jamás había sentido la tentación de cambiar de oficio. Hasta que su sobrino Emiliano, un chaval de veintiséis años que vivía en Madrid y se consideraba emprendedor digital, vino a pasar la Navidad y le mostró algo en el móvil que le cambió la vida. «Tío, mira esto», dijo Emiliano señalando una gráfica que subía como la espuma.
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