
Sleep is illegal. It's also the most addictive substance on the black market — and it leaves a telltale sign no addict can hide: rested eyes in an exhausted world.
Neftalí llevaba mil ochocientos cuarenta y siete días sin cerrar los ojos más de lo que dura un parpadeo. Como todos. Los dispensadores de Alerta, instalados en cada esquina como antes lo estuvieron los buzones de correo, garantizaban esa vigilia perpetua.
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