
A pink river dolphin returns a phone that should be ruined—with footage that was never recorded by human hands.
Natalia no había viajado al Amazonas por diversión. Había viajado para escapar de una oficina gris en Bogotá, de un jefe que hablaba sin parar y de un apartamento donde las paredes parecían estrecharse cada día. El plan era simple: dos semanas de ecoturismo en Leticia, al sur de Colombia, donde el río era tan ancho que la otra orilla parecía otro mundo.
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