
In a future where AI constructs have replaced human politicians, a hacker traces the most popular candidate's signal to a cramped apartment in Buenos Aires—and finds the last person he expected pulling the strings.
En 2041, los políticos dejaron de ser humanos. No fue un cambio repentino; la transición llevó casi una década. Primero llegaron los asesores algorítmicos, después los avatares de campaña, y finalmente, los candidatos sintéticos: inteligencias artificiales diseñadas para gobernar sin corrupción, sin ego, sin error.
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