
Forty thousand dollars to weave a fabric that erases faces from every camera on earth. The designer understood the assignment — then rewrote it.
La primera vez que Nayeli Durán notó la anomalía, creyó que era un defecto de la cámara. Estaba fotografiando las muestras de tela para el catálogo interno —un trámite rutinario, casi mecánico— cuando la imagen en la pantalla del portátil la hizo parpadear. El rostro de Ariel, su asistente, que sostenía la muestra contra el pecho, aparecía desdibujado.
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