
When meteorologist Celeste notices that a hurricane's eye is tracking a naval ship with impossible precision, her attempts to raise the alarm reveal a secret far more dangerous than any storm.
Celeste llevaba treinta y seis horas sin dormir. Las pantallas del Centro Nacional de Huracanes proyectaban imágenes satelitales del huracán Marcos, categoría cuatro, que avanzaba por el Caribe con vientos de doscientos kilómetros por hora. Nada fuera de lo normal para la temporada.
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