
Three teenagers print their own currency out of green cardboard. Within a week, an entire neighborhood is trading in it — and about to learn the hardest rule of money.
Todo empezó un sábado de julio, cuando el calor en la colonia era tan intenso que nadie quería salir de casa. Ramón, de catorce años, estaba aburrido. Había leído un artículo sobre economía en el teléfono de su madre y una idea extraña empezó a crecer en su cabeza.
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