
Adrián organiza hasta los clips por color. Elena deja post-its pegados al monitor como confeti de carnaval. Lo único que tienen en común es un ficus que se está muriendo de amor.
El ficus llevaba tres semanas con mala cara, y Adrián era el único que parecía notarlo. Bueno, el único que lo mencionaba. Porque Elena también lo había visto —las hojas amarillentas, la tierra empapada, ese olor dulzón a raíz podrida—, pero Elena no era de las que comentaban cosas así en voz alta.
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