
A gold pocket watch arrives at a Valparaíso repair shop with a dead mechanism and four words engraved inside — words only one missing man could have put there.
Isidora trabajaba con una lupa pegada al ojo derecho y una pinza entre los dedos. Cada engranaje tenía su lugar exacto, cada tornillo su presión justa. En su taller de Valparaíso, rodeada de relojes que marcaban horas distintas, el tiempo era lo único que ella controlaba.
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