
A blank page, a freshly cut quill, and an interrogator from the Privy Council who smiles like a clock striking the hour. London's most celebrated poet is about to prove he can write — which would be easier if he had ever written a single line.
Part 2 of 2 in The Glover's Ghost
La pluma estaba recién cortada. Edmund Grice la colocó sobre la mesa con dos dedos, la alineó con el borde de un pliego en blanco y, solo cuando el tintero, el papel y la pluma formaron una línea perfecta, levantó sus ojos pálidos. «Los guantes de cabritilla —dijo con suavidad—, ¿se cosen con hilo de lino o de seda?».
Opening lines