
A broke, aging samurai accepts a simple job: sit in the Shogun's palanquin and wave. The crowd's adoration is intoxicating. The archer on the rooftop knows his real name.
Jirō no había dormido en tres días. Los preparativos para la procesión del Shōgun habían consumido todo su tiempo, y ahora, mientras dos sirvientes le ajustaban las capas de seda negra y dorada, apenas podía mantener los ojos abiertos. «No te muevas», ordenó uno de ellos, aplicándole polvo blanco en los pómulos.
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