
Florence, 1497. The man tasked with feeding Botticelli's paintings to the fire hides one under his floorboards instead. Every night, he kneels above it with a candle.
La noche del 7 de febrero, Florencia ardía de virtud. Tommaso caminaba entre las hileras de objetos condenados con la misma solemnidad con que un sacerdote recorre las filas de un hospital. Espejos venecianos, tableros de ajedrez tallados en marfil, pelucas rubias que alguna cortesana había llevado para imitar a las ninfas de los cuadros paganos.
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