
When a mysterious sentence structure begins spreading through Madrid like a contagion—hijacking speakers' brains and trapping them in an endless loop—a linguist and a virologist race to build an antidote before the city loses its voice entirely.
Catalina detectó el patrón un martes. Tres de sus alumnos habían utilizado la misma construcción sintáctica en sus ensayos, una que no figuraba en las lecturas ni en ningún manual. Una cláusula subordinada que se plegaba sobre sí misma, una especie de uróboros gramatical en el que el sujeto devoraba su propio predicado.
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