
A luxury dog groomer in Santo Domingo discovers something dyed into a poodle's undercoat — a map to a fortune in stolen diamonds. By the time she realizes who the dog belongs to, they've already learned her name.
Arlenis había acicalado más de dos mil perros a lo largo de su carrera. Podía identificar cruces de razas con solo tocar el pelaje, detectar afecciones cutáneas bajo capas de pelo enmarañado y predecir el temperamento de un animal por la manera en que entraba al salón. Después de ocho años en el oficio, muy pocas cosas la sorprendían.
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