
When scientist Camila finally invents a device that translates plant thoughts into words, she expects gratitude from her beloved cactus. What she gets instead is the world's most brutally honest roommate.
Camila llevaba tres años trabajando en el Traductor Vegetal. Tres años de noches sin dormir, de cafés fríos olvidados en la mesa del laboratorio, de compañeros que la miraban con lástima. Pero esa mañana de jueves, cuando conectó los últimos cables al pequeño auricular verde, supo que todo había valido la pena.
Opening lines