
Valentín Ibarra has never made a firm decision in his life. His secret weapon? A scratched-up two-peso coin — and the most absurd winning streak Argentine business has ever seen.
Valentín Ibarra tardaba cuarenta minutos en elegir un sándwich para almorzar. No por gusto, no por capricho, sino por una incapacidad genuina de tomar decisiones. Sus compañeros de oficina ya lo sabían.
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