
Three strangers. Three identical brain scans. One QR code etched into living tissue, pointing to a fortune no one remembers hiding.
Reynaldo Medina llevaba diecisiete años leyendo resonancias magnéticas, y nunca había visto algo así. El primer caso llegó un martes de febrero. Yolanda Cruz, cuarenta y dos años, profesora de biología marina, apareció desorientada en un estacionamiento del Condado con la cartera intacta y sin ningún recuerdo de los últimos seis meses.
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