
Martín falls asleep on his usual commuter train—and wakes up in a carriage where the passengers, the clothes, and the silence all belong to another century.
Martín siempre tomaba el tren de las 22:40. Era la última conexión desde el centro hasta su barrio, y después de doce horas en la oficina, casi nunca podía mantener los ojos abiertos. Esa noche no fue diferente.
Opening lines