
In a desert world where water exists only in myth, a dying scavenger finds the last living tree on Earth—guarded by fanatics who ration its tears like communion wine.
Itzel llevaba tres días sin beber. No era algo inusual: la sed, como el polvo, formaba parte del paisaje tanto como las ruinas de concreto que mordían un cielo perpetuamente ocre. Nadie en las tierras bajas recordaba ya la lluvia.
Opening lines