
A buttoned-up corporate lawyer walks into a tattoo parlor to erase a scar from his past—but the artist behind the needle sees through every layer of armor he's spent years building.
Esteban empujó la puerta del estudio de tatuajes como quien entra en un tribunal: con la espalda recta y la mandíbula apretada. El olor a tinta y desinfectante lo golpeó de inmediato. Las paredes estaban cubiertas de diseños: calaveras, flores, serpientes, frases en idiomas que no reconocía.
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