
During a routine surgery to remove a teratoma, Dr. Clara Estrada discovers something that shouldn't exist—and it has a proposition she can't unhear.
El teratoma medía once centímetros en la resonancia magnética. Once centímetros de tejido desorganizado enquistado en el ovario izquierdo de una paciente de veintisiete años. La doctora Clara Estrada había extirpado docenas a lo largo de su carrera: masas grotescas que contenían pelo, cartílago, fragmentos de hueso, a veces dientes rudimentarios.
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