
Two minds hired to spy on each other across a Cold War chessboard discover that the most dangerous move is an honest conversation.
La primera vez que Florencia lo vio, Franco estaba sentado en el vestíbulo del Hotel Imperial de Viena con un periódico abierto que no leía. Lo supo porque llevaba veinte minutos en la misma página. Ella reconocía ese tipo de atención simulada: la practicaba a diario.
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