
On Murano, a glassblower hides a tremor that's ruining his life's work. Then a woman walks into his workshop and starts collecting the pieces off the floor.
Lorenzo cargaba el peso de treinta años de fuego en las manos. Treinta años moldeando vidrio fundido hasta convertirlo en formas que los turistas fotografiaban pegados al escaparate: lámparas, jarrones, figuras de una transparencia imposible. Pero últimamente, el temblor.
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