
A businessman in a suit can't make a kite fly for his nephew—until a stranger with sandy feet and a big laugh teaches him that some things require letting go.
Julián no quería estar en la playa. Tenía zapatos caros, un traje gris y el teléfono lleno de mensajes del trabajo. Pero su sobrino Mateo tenía seis años y una cometa nueva, y su hermana dijo: «Por favor, solo una hora».
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