
A postal courier crosses half a galaxy to deliver one letter to a man who hasn't spoken to another human in six years. The signature on the envelope belongs to the recipient — and it's dated a decade from now.
Hugo había entregado correo en lunas heladas, en estaciones orbitales que apestaban a combustible y en colonias donde la gravedad artificial fallaba cada dos horas. Pero nunca en un asteroide hueco. La nave encajó con dificultad en la grieta que servía de puerto de atraque.
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