
A speechwriter walks into a comedy bar where every joke is aimed at his client. He keeps coming back anyway.
Renato llevaba dos semanas en Santiago cuando vio el video por primera vez. Alguien del equipo lo había compartido en el chat del grupo con un emoji de calavera y el mensaje: «Estamos muertos». Era una mujer en un escenario diminuto, apenas iluminada por un foco amarillento que le daba un aire casi teatral.
Opening lines