
A chess grandmaster who lost everything now plays strangers for coins in a Buenos Aires park. When a distracted nanny beats him without even trying, his wounded pride pulls him into a rematch—and then another, and another.
Matías Orellana había sido alguien. Portadas de revistas, torneos en Reikiavik y Bakú, entrevistas donde lo llamaban «el Mozart del tablero». Eso fue antes del escándalo, antes de que lo acusaran de hacer trampa con un dispositivo electrónico en el Campeonato Sudamericano.
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