
When linguist Montserrat accidentally reads an ancient Sumerian text backwards, her apartment begins transforming into something alive—and hungry for more words.
Montserrat no era aficionada a las plantas. Su único helecho llevaba dos años muerto en la repisa de la ventana, convertido en una cosa seca y marrón que usaba para apoyar los libros. Por eso, cuando la primera hoja verde brotó del parqué de su salón, pensó que estaba perdiendo la cabeza.
Opening lines