
Humanity's first interstellar war is about to be declared over a head cold — on a planet where every scent is a binding oath and the words "I didn't mean it" simply do not exist.
Part 1 of 2 in The Grammar of Contagion
El olor a guerra tiene textura. Se adhiere al paladar como ceniza húmeda, y Ximena Aráoz lo descubrió en el instante en que las torres aromáticas de la sala del trono lo exhalaron todas a la vez: un acorde químico tan denso que su glándula sintética enmudeció. Dos guardias vahíes la sujetaron por los brazos —el contacto ya era, en sí mismo, una oración: «cosa peligrosa, cosa impura»— mientras el Emperador Ólvide se erguía sobre sus crestas apagadas y respondía.
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