
When commercial diver Ignacio's tether snaps 90 meters below the surface, he prepares to die. Instead, he discovers that the ocean has been waiting for him to listen.
Ignacio llevaba diecisiete años sumergiéndose en aguas que ningún hombre cuerdo querría habitar, y en todo ese tiempo había aprendido una sola verdad absoluta: el mar no perdona. Aquella mañana, a bordo del Leviathan III, la plataforma de apoyo para operaciones submarinas frente a la costa de Campeche, la sesión informativa había sido rutinaria. Inspección de una junta de soldadura en el tramo B-7 del oleoducto, a noventa y dos metros de profundidad.
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