
Every staircase is a little too steep. Every doorframe a centimeter too narrow. The architect of Casa Maldonado has been dead for thirty years, but his concrete masterpiece keeps finding new ways to draw blood.
Wílmer llevaba seis meses sin cerrar una venta cuando le asignaron la Casa Maldonado. El expediente ocupaba medio cajón del archivo: planos originales, tasaciones sucesivas, un historial de propietarios que ningún comprador había solicitado jamás. Lo primero que llamaba la atención era el precio, revisado a la baja tantas veces que las cifras formaban una escalera descendente en el margen del documento.
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