
Created in a secret government lab as a living organ bank for a dying prime minister, a clone escapes into the streets of Buenos Aires—and the public discovers that the same DNA, uncorrupted by power, produces someone they actually want as a leader.
Simón no tenía apellido. Tampoco fecha de nacimiento, al menos no una que figurara en ningún registro civil. Lo que sí tenía era un hígado impecable, dos riñones en perfecto estado y un corazón que latía con la regularidad de un metrónomo —todo ello destinado a otro cuerpo.
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