
When Valentín inherits his reclusive uncle's house, he finds it crammed with hundreds of clocks—all ticking at different speeds. Then, at 3 AM, every single one stops. And in that silence, something begins to move.
La primera noche en la casa de su tío Cristóbal, Valentín no pudo dormir. No por los nervios del cambio ni por la cama desconocida, sino por el ruido. Cientos de relojes latían a su alrededor con ritmos distintos: tictac, tictac-tac, toctoc, cada uno siguiendo su propia velocidad, como corazones enfermos que se negaban a coordinarse.
Opening lines