
Eight patients in the ICU. Eight separate heartbeats. Until 2:47 a.m., when every monitor in the ward starts ticking as one.
Maite llevaba seis años haciendo turnos nocturnos en la UCI del Hospital del Salvador, en Santiago. Conocía los sonidos de la noche como otros conocen las canciones de su infancia: el murmullo constante de los respiradores, el goteo de los sueros, los pitidos irregulares de los monitores cardíacos. Cada paciente tenía su propio ritmo, su propia música rota.
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