
Buried in a 1907 mortgage, four paragraphs in a dead language describe what the bank really owns. It isn't the house.
Sebastián Lira llevaba diecisiete años traduciendo contratos que nadie más quería tocar. Documentos en latín eclesiástico, cláusulas coloniales redactadas en una mezcla de castellano y náhuatl jurídico, testamentos en un occitano bastardo que ningún notario contemporáneo sabría descifrar. Su despacho —un cuarto sin ventanas en el cuarto piso de un edificio de la colonia Juárez— olía perpetuamente a papel viejo y café recalentado.
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